domingo, 29 de mayo de 2011

Porque el camino está lleno de piedras, pero es el camino a seguir.

Vámonos a otro lugar, tu y yo solos, a un lugar en el que todo sea diferente, en el que no haya gente que nos quiera hacer daño, en el que podamos ser felices, libres, vivir a nuestra manera. No me digas que no, yo necesito irme de aquí, desconectar por un momento de la rutina, del día a día, desconectar de todo, solo por un momento, un pequeño instante. ¿Puedo pedirte un favor? Haz que mi sueño se haga realidad, para ello solo hace falta que vengas conmigo, a ese mundo, no te quedes atrás, tu eres la única razón por la que me quiero ir de aquí, porque veo que no seremos felices, que todo cambiará. Consigue sacarme una pequeña sonrisa, con una puta flor de la vida, que me enseñe a pasar del mundo, de todo mi alrededor, de todo menos de ti. Solo quiero ser feliz, poder sonreír, ¿tan grande es ese deseo? ¿Tanto cuesta hacerlo realidad? Yo creo que solo hay que intentarlo, solamente hay que soñar.

Segundos que no se recuperan, porque no se han desperdiciado.

Cuantas veces hemos deseado borrar un día, un instante, un momento, hasta un año de nuestras vidas a borrarlo todo y vaciar nuestra memoria. Cuantas veces no deseamos volver a ser niños, vivir todo de nuevo, recuperar lo que se fue o dejar que el tiempo ponga las cosas en su lugar. Algunos simplemente no esperan nada del tiempo. Da lo mismo regresar o avanzar, simplemente renuncian a que el tiempo continúe su paso y se marchan con lágrimas y un largo adiós. Si desearamos en algún momento perder completamente la memoria y plegarnos por ejemplo a la frase “comezar de nuevo” ¿cuántas cosas no perderíamos? serían como aquellas cosas que se extravían accidentalmente en una mudanza y luego se extrañan. Perderíamos el calor del primer beso y la sensación de aquel amanecer que fue perfecto. La nostalgia por amores pasados y la inocencia con la que nos entregamos a lo desconocido esa primera vez. Quedarían atrás los amigos que iban a ser eternos, las cartas que nos hicieron llorar, la primera o última vez que vimos a un gran amor, los brazos mas cálidos, el día que pensamos que se iba a acabar el mundo, el dolor más bonito, la sonrisa mas esperanzadora, el nacimiento del sentimiento más puro.
¿En realidad comenzamos una vida nueva o matamos otra llena de bellos recuerdos? Dejamos una vida y un presente que nos da infinitas oportunidades por soñar con un futuro perfecto que no existe o un pedazo de cielo donde no sabemos que nos espera.

 ¿Vale realmente la pena perder la memoria?

Gracias.